Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina
Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina no pertenece a la «actualidad filosófica», en cuanto esta es tomada en sentido «diacrónico» de lo que se llamaría el «fenómeno» filosófico. Antes bien pertenece a la «actualidad sincrónica» de la filosofía, pues su desarrollo filosófico se ha llevado a cabo en correspondencia con el camino seguido por la ciencia a partir del s.XX y la revolución fenomenológica iniciada por Edmund Husserl, refundida más tarde por Marc Richir al adentrarse de forma insólita en la inmensa obra póstuma del iniciador de la fenomenología, «poniendo de manifiesto que los avances en filosofía no radican tanto en distinciones técnicas menores, sino en profundas disociaciones que se esconden tras las ideas aparentemente más sencillas», ( «Introducción a la estromatología», Revista Eikasia nº 147 2011).
Igual que en una obra de arte, una trayectoria filosófica queda dibujada en las dimensiones de contexto y de actualidad, en función la una de la otra, según una doble contra-ley : resistencia al sociologismo y resistencia al actualismo; contrariamente a lo que se piensa en ámbitos académicos, no podemos tener una relación directa con su obra, pues unas veces quedaría reducida a su contexto y otras en cambio a una actualidad que la convertiría en idealista per se, sin atender a su complejidad, dispersión, e innovación. Todo ello nos lleva a la problemática de considerar a los filósofos dentro de una «tradición ininterrumpida» a partir de la llamada «revolución de la fenomenología». Nos aventuramos a decir con Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, en este caso llevado no al arte sino a la filosofía, que no se puede reducir el quehacer filosófico a teorías, porque es la filosofía (fenomenológica) la que nos reduce a nosotros. Ni siquiera la forma filosófica se deduce de su contexto, sino que lo explica, y lo mismo ocurre con la actualidad; la obra filosófica de Ortiz de Urbina subvierte el contexto y la actualidad.



